Fake news en agosto


Josep Ramon BoschEl supremacismo catalán tiene el enorme poder de crear un relato paralelo a la verdad, para ello son expertos en la difusión de Fake news que se convierten en verdades incontestables gracias a los ilimitados recursos económicos que disponen y a la profusión de digitales subvencionados y personal liberado en las llamadas “redes sociales”.

El papel del comisario Trapero en torno al 17-A, al 1-O y al proceso independentista ha sido clave para el plan supremacista y se ha basado en la proliferación de un falso relato de héroes y villanos. Según un informe de la Guardia Civil, en poder de la jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela, que previamente había autorizado el volcado de los correos de la policía autonómica, Trapero permitió el referéndum, pese a haber podido evitarlo y saber que había sido declarado ilegal por el Constitucional.

Según la benemérita, Trapero, asesorado por el servicio jurídico del cuerpo autonómico, “pretendió construir” un relato basado en que hubo en la jornada de la consulta actuación policial y se defendió el orden público y la convivencia para poder justificar así la actitud “pasiva, no colaboradora y de permisividad” de los Mossos ante la comisión de un hecho ilícito que debían impedir, relato construido con tal de evitar posibles responsabilidades penales.

La jueza Lamela ha podido verificar que los mails que enviaba o recibía Trapero, no se ponían a disposición de los tribunales o fiscalía, pero sí de los superiores jerárquicos y políticos, entre ellos el exconseller Joaquim Forn, que se encuentra actualmente en prisión.

La Guardia Civil tiene muy claro en sus informes que existió connivencia entre la dirección de los Mossos y los impulsores del referéndum ilegal

No olvidemos que Trapero recibió un mail el 23 de septiembre en el que advertían de las movilizaciones convocadas por la ANC delante del TSJC y la Ciutat de la Justícia el día 22, donde se admite que el área de Información de los Mossos tuvo constancia de que esa misma tarde “se podría producir” una actuación de agentes de la Guardia Civil en la sede de la Assemblea Nacional (ligada a la ola de registros y detenciones que entonces se lanzó desde el juzgado 13 barcelonés) y que “fuentes abiertas” les afirmaban que miembros de la ANC “estarían retirando material relacionado con el referéndum”.

En esas fechas la policía autonómica ya tenía orden de la Fiscalía que advertía que cualquier movimiento relacionado con el 1-O debía ser impedido y notificado. La Guardia Civil tiene muy claro en sus informes, que existió connivencia entre la dirección de los Mossos y los impulsores del referéndum ilegal. Insisten en esta línea en que el propio Trapero facilitó información y documentación constantemente a sus superiores políticos, especialmente a Forn, defensor de la consulta que en principio sus policías debían impedir. Y en una de las actas, en poder de la Guardia Civil, se constata que, en un documento de Información de los Mossos, del 29 de septiembre se dejó por escrito: “El 1 de octubre del 2017 debe celebrarse el referéndum de autodeterminación de Catalunya”.

En 2016, Trapero concedió una entrevista al periódico separatista Ara(diario propiedad de la familia Carulla y de Fernando Rodés, y que se dedica a insultar impúdicamente a todos los constitucionalistas catalanes), dónde se quejaba amargamente de que la conocida “Operación Petrum” contra la corrupción de “Convergencia” la llevaban las fuerzas de seguridad “españolas”, es decir la Guardia Civil, y no los Mossos. Seguramente revivía con resentimiento la denuncia que interpuso la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal, y que publicó el periódico El Mundo,sobre la investigación de los Mossos en el llamado caso “Palau de la Música”. En dicha denuncia, la policía española detectó irregularidades en lo referido a la custodia de algunos documentos requisados durante los registros, y se afirmaba que los Mossos que comandaba el señor Trapero ocultaron o destruyeron pruebas clave, entre ellas, un archivo en el que la directora financiera del Palau se refería a un pago al hijo de Jordi Pujol. Además, la policía aseguraba que no se incorporaron al sumario varios documentos, entre ellos, un anónimo que relataba el “entramado societario” del padre de Artur Mas en Liechtenstein para recibir comisiones, de las que -según el documento- una parte era desviada al presidente de la Generalitat.

Hace un par de años los Mossos d’Esquadra que dirigía el comisario Trapero remitieron un durísimo informe al Parlament de Catalunya, en el que acusaban a las organizaciones que plantaban cara a la secesión y al proceso ilegal y rupturista de “constituir peligrosos grupos de ultraderechistas, franquistas y fascistas”, señalando el peligro extremo que unos catalanes libres de nacionalismo podían ejercer sobre el llamado proceso de desconexión, con seguimientos a particulares, incluyendo fotografías y datos personales, entre otros de quien esto suscribe. También ordenó a todos los agentes de los Mossos d’Esquadra que le remitiesen cualquier atestado sobre eventuales casos de sedición en Cataluña para que fuera él quien personalmente asumiera “en todos los supuestos y sin excepción” las decisiones a adoptar. No olvidemos que el promocionado comisario manifestó en la emisora pública Catalunya Ràdio en el año 2013 que en caso de que se convocara una consulta unilateral sobre la secesión de Catalunya y el gobierno español ordenara que se retiraran las urnas, los Mossos no acatarían las órdenes porque “la responsabilidad de los Mossos es ser la policía del país y estar preparados ante cualquier acontecimiento de Catalunya”.

Trapero ingresó en la Escuela de Policía de Cataluña en 1989, se estrenó como policía en 1990 y fue en sus inicios agente del Área Básica Policial de Girona, ciudad gobernada por el fugado presidente Puigdemont, hasta que fue nombrado en 2009 subjefe de la Comisaría General de Investigación Criminal, donde permaneció hasta que Felip Puig le encumbró como responsable máximo en diciembre de 2011.

Durante estas semanas el nacionalismo supremacista ha amagado con boicotear la visita del jefe de Estado y convertir a Trapero, Joaquím Forn y Puigdemont en héroes

El 17 de agosto de 2017 tuvo lugar el peor atentado yihadista perpetrado en territorio español desde el 11-M, en el que murieron 16 personas, decenas resultaron heridas y ocho terroristas fueron abatidos en distintos puntos de Cataluña. Durante estas semanas del mes de agosto de 2018, el nacionalismo supremacista ha amagado con boicotear la visita del jefe de estado y convertir a Trapero, Joaquím Forn y Puigdemont en héroes nacionales por ser los artífices de la rápida resolución de los atentados terroristas, a pesar del “supuesto” boicoteo de los servicios de información españoles que tenían controlado al cerebro del atentado, según el relato esparcido en las redes sociales. Sin embargo, el 25 de mayo del 2017, los Mossos d’Esquadra, que dirigía el ínclito Josep Lluís Trapero, recibieron un aviso de riesgo de atentado en lugares turísticos de Barcelona, con mención especial a La Rambla. El aviso no contenía detalles ni identificaba fuentes, solo esta referencia: “Veracidad desconocida”. Esta semana, a través de El Periódico, hemos conocido que hasta tres altos cargos de la policía autonómica acudieron a Washington para reunirse con personal de la CIA tras el aviso de que Daesh podía atentar en la Ciudad Condal.

Hay que remontarse al mes de agosto de 2016 cuando Josep Lluís Trapero apareció disfrazado con guayabera hawaiana, ejerciendo de cocinero subalterno en una fiesta veraniega organizada por Pilar Rahola en su casa de la Costa Brava, acompañado de conocidos periodistas de TV3, actores del régimen del 3%, el ex presidente del Barça Joan Laporta, la heredera de la empresa Tous y el ex presidente fugado Carles Puigdemont. El fiestón, profusamente divulgado por los asistentes, sirvió para mostrar sin pudor los apoyos al golpismo separatista mientras se ondeaban banderas esteladas.

Tras el atentado, Josep Lluís Trapero se convirtió en el héroe independentista por la “rápida resolución del caso” y especialmente tras un incidente con unos periodistas en una rueda de prensa, cuando un periodista extranjero protestó por no entender el catalán, y el mayor Trapero lo despidió con la frase mítica del nacionalismo: “Bueno pues molt bé, pues adiós”. El 27 de agosto una manifestación de condena se convirtió en un aquelarre separatista contra el rey de España, instigado por la propia alcaldesa Colau que facilitó a la ANC la organización de la concentración.

Sin embargo, el 26 de octubre de 2017, el relato separatista de convertir en héroe al mayor Trapero peligraba por la aparición de una nota de la CIA, cuya existencia habían negado y renegado el Gobierno catalán y Trapero, en un cargamento de documentación que los Mossos enviaban a una incineradora para su destrucción. En los días posteriores, el presidente fugado, Carles Puigdemont, Joaquim Forn, y Trapero, negaron insistentemente cualquier contacto con la CIA y empezó una campaña de Fake news acusando a los servicios de información españoles de ocultar información, mientras los periodistas a sueldo del sistema corrupto del 3% empezaron a tejer una enorme campaña de desprestigio contra las FFSS españolas.

En agosto del 2016 los alegres separatistas bebían, bailaban y brindaban por el fin de España; Josep Lluís Trapero, nombrado jefe de la policía catalana por su fidelidad al fugado, cocinaba.

Mientras tanto las fake news trabajando para el golpe de Estado. Todo en orden.

*Josep Ramon Bosch es historiador.

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