Sánchez y el Golpe de Estado


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Agapito Maestre

 

Lo fundamental está dicho. Y escrito. Algunos no hemos tenido que esperar cinco meses para saber de qué iba esta historia. Si Sánchez alcanzó el poder por el apoyo de los separatistas y los podemitas, entonces el procés catalán no era sino una pieza más del proceso para terminar con la democracia española, que comenzó en la época de Zapatero. Sánchez es clave para entender un proceso golpista contra la nación española. Cuantas veces digan Sánchez y su gobierno que los golpistas catalanes no cometieron delito de rebelión, tendremos que pensar que son ellos los colaboradores indispensables de los separatistas y podemitas.

Escribamos y repitamos, pues, todo aquello que habíamos estudiado y analizado en los últimos años Nos valíamos y apoyábamos en las las fórmulas del gran maestro. Persistamos ahora en nuestro destino. Es la vocación del filósofo. Sigamos voceando y clamando en el desierto: “La situación es mucho más grave que una revolución. La razón es clara: una revolución, o es vencida y tiende automáticamente a restablecer la legalidad que ella atacaba, o triunfa, y entonces nace de ella, no menos automáticamente, una nueva legalidad. En ambos casos la violencia queda reabsorbida en un estado legal. Mas en el caso presente, ningún Gobierno elegido al modo usual puede absorber la ilegalidad de las circunstancias en que nació. Queda está vagando en el ambiente como los muertos sin óbolo para el barquero quedan inficionado el aire e incubando en él una epidemia de ilegalidad, esto es, de violencia. Por esto es literalmente más grave que una revolución, porque puede ser una serie de revoluciones.”

Ahora solo tendremos que reescribir con decencia y cierta conciencia, o sea sin poner la pluma al servicio de nadie, esa serie de revoluciones que nos conducen directamente al abismo. Sí, querido lector, la forma de contar ese proceso de desnacionalización de España y, posteriormente, de destrucción del Estado condiciona la manera de plantear y, por lo tanto, resolver los grandes problemas de España, comenzando por el más singular y trágico: su viabilidad como nación. Es fácil hacer una teoría crítica de los separatismos catalán y vasco y su vinculación a los revolucionarios de la acción directa, pero resulta extremadamente complejo construir un Estado-Nacional de corte democrático que dé satisfacción a quien tiene por programa clave destruir la nación española. Es sencillo culpar de todos los males de nuestra nación a las Autonomías, pero es extremadamente difícil convencernos de la necesidad de una entidad política que medie entre el Gobierno central y los gobiernos locales; la creencia de que es posible un Estado democrático en España sin una institución política, llamada Autonomía, Gran Región o Gran Comarca o como quiera que se llame, que ponga límites a los dos males de la historia de España: el centralismo y el caciquismo, es desconocer la gran herida que supuso en la historia de España: el tránsito de los Austrias a la monarquía borbónica.

El Golpe de Estado dado por los separatistas catalanes hace un año hay que situarlo en un contexto más amplio y, por supuesto, más trágico que el simplemente jurídico por importante que sea para defender la democracia. La cuestión es tan histórica como sistémica. En la democracia postfranquista alcanzó rasgos dramáticos en la época de Zapatero, que trató de ocultar miles de muertos y heridos a manos de los criminales de ETA. Pero ahora el problema es trágico; sí, desde el miércoles pasado, el asunto es de urgencias vitales. Ya no se trata de que Sánchez juegue a una doble baraja: por un lado, trate de frenar a los separatistas y, por otro lado, pacte con ellos un programa de prebendas para que le permitan seguir en el poder. Ojalá fuera eso. El debate del Parlamento del pasado miércoles es un parteaguas en la historia reciente de nuestra democracia. Casado, primero, y Rivera después, desenmascararon en sede parlamentaria que Sánchez solo es una pieza y, seguramente no la más importante, de un proceso golpista que va más allá de Cataluña y el País Vasco. Podemos y los separatistas, con el acompañamiento de Sánchez tratan de “desnacionalizar” por completo España. O sea tratan de hacerla desaparecer.

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