Las mentiras que vendió la marea verde


Manifestantes de la marea verde. J. SERRA

EL 29 DE SEPTIEMBRE DE 2013 se produjo la mayor manifestación popular de la historia de Mallorca. Casi 100.000 personas colapsaron las calles de la capital en protesta por la reforma educativa que trataba de impulsar José Ramón Bauzá. El malogrado TIL tenía como objetivo introducir en los colegios públicos un modelo de enseñanza trilingüe repartiendo de modo equitativo las horas de castellano, catalán e inglés, pero se encontró con el rechazo casi unánime del profesorado, obstinado en mantener un statu quo del que lleva disfrutando desde hace más de 40 años. Educació pública i de qualitat fue el lema desde el que se impulsó una protesta teñida de verde que implicó a padres, alumnos y por supuesto a la progresía, que advirtió una oportunidad única de debilitar los cimientos sobre los que se sustentaba el poder de la derecha. Convocada en el cénit de la recesión económica, la marcha sirvió como desahogo de una situación de crisis general que, en realidad, tenía muy poco que ver con la educación. Sin embargo, eso era lo de menos. De lo que se trataba era de aprovechar el momento. Y vaya si se aprovechó.

Han pasado más de cinco años desde la marea verde. Tiempo suficiente para aplicar el modelo educativo que desde la oposición aseguraban que iba a suponer mejores resultados académicos. Los números, sin embargo, demuestran que son peores que nunca, sobre todo en tasa de abandono escolar. También se les dijo a los padres que si compraban una camiseta verde y salían a la calle con ella puesta, contribuirían a impulsar una reforma que permitiría a los maestros «prepararse como toca para impartir clases de inglés». Esta semana se han hecho públicas las últimas estadísticas: Baleares es la región de España que peor nivel de inglés tiene, por detrás de La Rioja y Extremadura.

Hubo ganadores y perdedores en la marcha verde. Vaya si los hubo. El principal beneficiado de todos fue el lobby catalanista. En los colegios públicos no sólo se educa íntegramente en catalán -de Barcelona, por supuesto-, sino que en muchos de ellos se impulsa sin pudor el prucés y se demoniza cualquier símbolo españolista. Incluso se considera falta grave llevar una camiseta de la selección. ¿Perdedores? Los miles de alumnos que durante estos cinco años no sólo no han mejorado su nivel de inglés, imprescindible en una Comunidad Autónoma que vive del turismo, sino que lo han empeorado exponencialmente. ¿Es ésta laeducació pública i de qualitat que les prometieron a los padres? Piénsenlo dos veces cuando les vuelvan a pedir que se pongan una camiseta. Del color que sea.

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