Despilfarro y secretismo de Sánchez


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Después de propugnarse en la moción de censura como el adalid de la honestidad, después de asegurar que su Gobierno sería transparente en todas sus acciones, resulta inadmisible el secretismo de La Moncloa sobre el escandaloso despilfarro del presidente del Gobierno en gastos suntuosos en beneficio propio. Pedro Sánchez, al amparo de la ley de secretos oficiales, está vulnerando los criterios del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno al ocultar los gastos de su viaje privado junto a su esposa al Festival de Benicássim en julio, a donde se desplazó en el Falcon, al igual que hizo para asistir a la boda de su cuñado.

El procedimiento nace de una solicitud de información de Luis Salom, miembro del PP valenciano, reclamando conocer el “coste aproximado y sin desglosar de todo el desplazamiento del presidente y sus acompañantes, además del coste de los coches oficiales y el alojamiento de Sánchez y sus acompañantes”. Como única respuesta, Moncloa ha cifrado en 283 euros el gasto del viaje, cuando solo en combustible el viaje en el avión oficial se elevaría a más de 11.000 euros.

El PP ha calificado de “inocentada” la cantidad que ha dado el Gobierno, ya que “la tomadura de pelo”, en palabras de Luis Salom, viene firmada con fecha de 28 de diciembre. El PP, que ha tildado esta información sobre el gasto del viaje de “broma de mal gusto” ha anunciado que volverá a reclamar la actuación del Consejo de Transparencia y presentará una queja al Defensor del Pueblo.

Pero además de una tomadura de pelo, la actitud del presidente del Gobierno resulta vergonzosa. Pedro Sánchez, consciente de que tiene los días contados por mucho que prolongue la legislatura, parece querer aprovechar las mieles del poder sin ningún pudor. A menudo, viaja en Falcon o en helicóptero sin necesidad. Debería tomar nota del primer ministro irlandés, que en su reciente viaje de vacaciones a Canarias, se ha desplazado en un vuelo comercial “por tratarse de un asunto privado”.

Pedro Sánchez se encuentra ahora de vacaciones en la lujosa mansión La Mareta, en Lanzarote, del Patrimonio del Estado, junto a su familia y rodeado de un ejército de escoltas y asesores, a donde también se ha desplazado en el avión oficial. Pero lo grave es el incumplimiento de su enésima promesa: la de acatar, tanto él como todo su Gobierno, la Ley de Transparencia.

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