Igualdad, sí; supremacismo feminista, no


violencia mujeres

Desde la llegada al poder, en circunstancias nunca aclaradas, de un tal Zapatero, muy conocido en Venezuela, y de desgraciada memoria en España, ha proliferado la legislación “en favor” de la mujer, que teóricamente pretende ayudar al sexo “débil”, como si los hombres fuéramos el sexo fuerte, cuándo es todo lo contrario.

Se han criminalizado las relaciones matrimoniales y de pareja, de forma que los hombres tienen que rezar, pues ante cualquier denuncia falsa, acaban detenidos, engrilletados, durmiendo en los calabozos, y llevados a un juicio rápido, donde con una total falta de medios de defensa, acaban aceptando condenas “de conformidad”, a pesar de ser inocentes, por el consejo de muchos abogados de oficio, que más que abogados parecen verdugos…

Y si quieres ir a juicio, y te encuentras con una jueza y una fiscal, puedes darte por jodido, pues las nuevas promociones de ambas carreras parece que han entrado en la profesión no para hacer justicia, sino para “impartir” su justicia, es decir su forma de ver las cosas, que no tiene que ser, necesariamente, la real y objetiva.

Que hemos vivido en una sociedad machista, es evidente. Aún recuerdo cuándo una mujer no podía abrir una cuenta bancaria sin autorización del marido, o necesitaba su permiso para poder trabajar…, pero lo cierto es que la historia es pendular, y hoy en día es más bien lo contrario: son los hombres los que necesitan ser protegidos, como una especie en vías de extinción.

Esta legislación penal que coloca a los hombres a los pies de los caballos, podrán ser leyes, pero evidentemente no son Derecho.

Ni un hombre, ni una mujer, ni nadie, pueden entrar a un juicio sabiendo de antemano que no hay presunción de inocencia alguna, y que tiene un noventa y tantos por ciento de posibilidades de salir condenado…, aunque sea inocente.

En esta situación, por desgracia muy habitual, ¿dónde está el Estado de Derecho?

Y lo mismo digo respecto a la reserva de un determinado porcentaje de puestos de trabajo para mujeres, o de plazas de diputados, senadores, concejales, y hasta ministros, que no en vano tenemos un “consejo de ministras”, en estúpida expresión de la que dice ser vicepresidenta del gobierno, si ésa que se tiraba a su chofer cuando era ministra de cultura (en su caso, más bien de incultura), en la época zapateril.

¿Se imaginan ustedes esa misma situación entre un ministro con una chófer o escolta…? Los aullidos de la jauría rabiosa de las feminazis todavía se estarían oyendo.

Ahora mismo tenemos en la fiscalía cerca de un 70% de mujeres, y en la judicatura, alrededor de un 60%. ¿Habrá que promulgar una ley que reserve el 50% de las plazas para esa minoría en vías de extinción, llamada hombres…?

Cosas más raras se han hecho y visto. Por ejemplo rebajar las pruebas físicas para el ingreso en la Academia General Militar a las mujeres, pues si se les exigía lo mismo que a los hombres, no entraba ninguna o casi ninguna.

Y lo mismo se ha repetido en la policía nacional, guardia civil, etc.

Respecto al consejo de ministras, habida cuenta de la escasa presencia de “hombres” en ese consejo, y de que algunos son abiertamente homosexuales, dentro o fuera del armario, ¿deben computar como hombres, como mujeres o como mediopensionistas?

No quiero ser mal pensado, pero a veces creo, y puede que lo dijera Freud, que el problema de muchas mujeres es que se sienten capadas, al no tener pene. ¡Pues que se le va a hacer! Siempre se pueden comprar uno de látex, con la ventaja, además, de que nunca se les arrugará, o dejará de estar erguido.

La realidad es que la mujer alcanza su plenitud como persona por medio de la maternidad y el matrimonio, la crianza de los hijos, el cuidado de los progenitores, etc.

Estoy cansado de conocer a cientos de profesionales brillantes y amargadas en su vida personal, por haber supeditado al “triunfo” el fracaso de toda su vida, descuidando los fines propios del sexo femenino, y no digo del sexo débil, pues para débil, el sexo masculino…

El trabajo es un medio para realizarnos como personas, pero no un fin en sí mismo. Antes la mayoría de las mujeres eran más inteligentes que las actuales, a las que se les está “vendiendo” esa mercancía averiada del feminismo, y ponían en primer lugar a su familia, a sus hijos…, y ¡hasta a su esposo!, mientras que ahora muchas se han masculinizado en exceso, lo que no es óbice para que utilicen sus “armas de mujer” cuándo quieren, sobre todo si tienen la suerte de estar bien físicamente.

En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Todo está ya inventado, y los hombres deben ser hombres, y las mujeres, mujeres.

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